JESÚS EL ÚNICO REY SOBRE TODAS LAS COSAS

Cuando leemos el relato del nacimiento de Jesús podemos hacer un esfuerzo aquellos que algo hemos entendido sobre política y darnos cuenta de que, como toda la historia bíblica, el nacimiento del verdadero Mesías político y espiritual también estuvo envuelto en momentos de crisis nacional producto del imperalismo de los gobernantes y el estatismo.
Israel se encontraba bajo el dominio del imperio romano, tanto que los sumos sacerdotes eran ya escogidos y colocados según el visto bueno del emperador, para que los sacerdotes pudieran mantener al pueblo bajo contro y no hubieran sublevaciones contra el imperio. Recuerde que para el nacimiento de Jesús, la partida de José y María a Belén cuando ella estaba embarazada del Mesías se debió a la order imperial de ser censadas todas las personas. El censo fue a menudo un acto condenado por Dios para los reyes, al parecer porque la intención era medir las propias fuerzas y poner la confianza en ellas. En todo caso, un censo es un acto de intromisión por parte de un poderoso, y Dios dejó claro en su Palabra que estaba en contra de tal práctica estatista. Volviendo al tema, Jesús nace bajo esas circunstancias. ¿Y qué pasa luego? Los sabios del oriente llegan a adorarle cuando Jesús recién había nacido en un establo y estaba colocado en un pesebre, el lugar donde comen los caballos. Herodes I el Grande, el rey designado por Roma para gobernar la región Judea de aquel entonces se entera del nacimiento de un supuesto nuevo rey anunciado por los profetas. Desde ese momento aquel rey romano percibió el peligro:, un Rey anunciado por profetas divinos podría hacer tambalear el imperio romano, sea porque creyere que tendría un poder sobrenatural o sea porque la gente se iría en pos de él. La solución definitiva era matar aquel bebé. Y así ordena la matanza de todos lo menores de 2 años. Y es que al estatismo no le interesa la vida inocente, le interesa el poder a cualquier costo. Como no le interesa la vida, tampoco le interesan la educación ni la salud, sino el control por estos medios. Y le interesan los pobres lo mismo que a Judas cuando el perfume fue derramado sobre nuestro Señor antes de su muerte. Pero Jesús estaba ordenado desde antes de la fundación del mundo para reinar sobre todas loas cosas, y nada, ni la muerte, lo habrían de retener. A lo largo de su vida, y la vida de la iglesia primitiva, no dejamos de ver los conflictos entre imperialismo y Fe . ¿Por qué? Porque cuando Jesús declaró ser aquel que vendría a dar libertad, no lo dijo como algo etéreo. SI bien Su reino no es DE este mundo, es decir NO PROCEDE DE este mundo, sí que lo es PARA este mundo. Sus armas no son las mismas que usan los otros reinos, sino la verdad. Los judíos esperaron una liberación inmediata, un mesías que derramara sangre y se proclamara rey. Como muchos ahora esperan un mesias que los saque de la pobreza y reparta riqueza con ellos, no entendían los tiempos designados por Dios. Dios se encarnó no para recordarlo especialmente en una fecha dada, luciendo las mejores ropas ni comiendo y bebiendo hasta más no poder (no me malentienda, usted tiene todo el derecho a disfrutar de esas cosas si sus posiblidades lo permiten. Dele gracias a Dios si así es, pero vea que ese no es el fin). Vino a vivir a esta tierra para conquistar incluso a la muerte. ¿Qué quiere decir esto? Que ni el pecado ni la muerte tienen poder absoluto sobre aquellos que han sido liberados por Él. ¿Quiere entonces usted estar sujeto a un poder terrenal por encima del poder de Dios a cambio de “techo, comida, educación, salud, pensiones, transporte, inclusión social, teatro, lucecitas, zapatos, vaso de leche, paquetes escolares, permisos para circular y comerciar, entrar y salir, asistencia para las mujeres, etc., etc.”? La navidad es mucho más que una conmemoración de lujo, y en el Evangelio es parte cumplida del plan de redención: la encarnación del Hijo de Dios, la simiente, que aplastaría (y aplastó ya) la cabeza de la serpiente. El Evangelio, el anuncio de la llegada del reino de Dios (lea bien, REINO), va también contra el dominio de los hombres sedientos de poder que se creen dios. Estos debe arrodillarse también ante aquel que dijo TODA POTESTAD ME HA SIDO DADA EN EL CIELO Y EN LA TIERRA.

No adoramos a un niño en un pesebre, sino al Rey de reyes sentado en Su trono rodeado de poder y gloria.

Si usted es cristiano como yo, somos sus embajadores. ¿A quién rendiremos tributo?

¡FELIZ NAVIDAD EN LIBERTAD!
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