Jorge Jaramillo: ¿Que por qué los Reformados hablamos tanto acerca de la «Teología del Pacto»?

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El hermano Jorge Jaramillo, de Venezuela, a quien agradezco su reciente aceptación de mi solicitud de contacto en Facebook, escribe una breve pero importante reseña sobre la importancia central de la doctrina del Pacto de Gracia en el desarrollo y entendimiento de la doctrina Cristiana Reformada. Con el permiso de él, reproduzco su nota publicada originalmente en la red social mencionada:

¿Que por qué los Reformados hablamos tanto acerca de la «Teología del Pacto»?

Porque de ella se desprende la sistematización del plan de Salvación de Dios para con Su pueblo en Cristo Jesús, la Simiente prometida.

Es imperativo entender que la obra de Dios no consiste en capacitar individuos aislados para “ejercer fe” y luego otorgarles la gracia suficiente para hacerles perseverar para salvación, sino más bien en haber entregado a Su Hijo Unigénito a nuestro favor “quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras”. [1]
El Pacto de Gracia está fundamentado en la promesa dada a Abraham, de que Yahvé sería su Dios y el de su descedencia después de él, por sus generaciones, como pacto perpetuo. [2]
La manifestación gloriosa del Hijo de Dios, la Luz verdadera que venía a éste mundo en ningún sentido invalidó el pacto que Dios había instituído con los patriarcas, antes bien, lo ratificó, demostrando de esa manera la misericordia y el amor eternal e incondicional de Dios para con Su pueblo, el remanente de Israel, el pueblo del Pacto; tal y como María, la madre del Señor, exclama en su ‘Magnificat‘ diciendo acerca del Señor:
Auxilió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia –como lo había prometido a nuestros padres– en favor de Abraham y su descendencia para siempre. [3]
Jesús, nuestro Señor es el cumplimiento de la promesa hecha a nuestros primeros padres, así como a los patriarcas de la Nación de Israel; Aquél de quien Moisés habló, Aquél a quien los profetas anunciaron y el mismo por quienes los Apóstoles, profetas y mártires han dado su vida. Quien ofició en sí mismo y por medio de sí mismo la consumación del pacto por medio de Su obra redentora en la cruz del Gólgota, comprando la redención de Su pueblo, Su redil, Su grey para así guiarlos a los delicados pastos con los que finaliza el libro de Apocalipsis, la misma promesa de redención:
Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y Él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos, y será su Dios. [4]
La importancia del Pacto de gracia es ésta: Es el Pacto de Dios con Su pueblo y éste pueblo es la Iglesia de Jesucristo, columna y baluarte de la Verdad. [5]
Podríamos resumirlo de ésta manera, según nuestro Catecismo de Heidelberg, Día del Señor Nº 6, Pregunta Nº 19:
¿De dónde sabes todo esto [acerca de Cristo]? R.- Del Santo Evangelio, el cual Dios reveló primeramente en el paraíso, y después lo anunció por los santos patriarcas y profetas, y lo hizo representar por los sacrificios y las demás ceremonias de la Ley: y al fin lo cumplió por su Hijo unigénito.
Por ello concluimos que nuestro edificio teológico está fundamentado en ésta verdad. Como escribiera recientemente un hermano (ver aquí): “El pacto de gracia es la «sola» olvidada de la Reforma en nuestros días” ~ Rafael Resendiz Izaguirre.
Si nos preocupamos verdaderamente por la «Sola Scriptura», consistente en «todo el consejo de Dios», necesariamente debemos conciliar la teología con lo que Dios ha revelado no únicamente en el Nuevo Testamento, sino también con el resto de las Escrituras; dicho de otro modo, no podemos divorciar la «Sola Scriptura», de la «Tota Scriptura».
El es Yahvé nuestro Dios; En toda la tierra están sus juicios. Se acordó para siempre de su pacto; De la palabra que mandó para mil generaciones… (Salmos 105:7-8).
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Referencias:
[1] Tito 2:11-14; Éx. 19:5; Salmos 130:8; Mateo 20:28; 1 Pe. 2:9.
[2] Gn. 17:7.
[3] Gál. 3:15-18; Mat. 1:21; Lc. 1:46-55; Hchs. 3:25.
[4] Jer. 31:33; Ez. 37:23; Ap. 21:3.
[5] Rom. 11:27; Hchs. 2:38-39; 1 Tim. 3:15.

 

Pueden acceder a la nota, si el hermano Jaramillo la ha hecho pública, dando click aquí. También pueden leer sus artículos en su blog Coram Deo.

 

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