“¿Cuál Reforma?”

El hermano miraba y ojeaba con entusiasmo y curiosidad los libros sobre la mesa. Tomó uno de los varios disponibles que hablan sobre la Reforma Protestante y comienza a preguntarme y le voy explicando en 30 segundos hasta que menciono la palabra “reforma” y me pregunta “¿Cuál reforma?”. Quedo anonadado por 2 segundos y le explico en otros 10 a qué me estoy refiriendo. El hombre toma algunas hojas del material gratuto y se va expresando agradecimiento, pero la pregunta se quedo grabada en mi mente hasta ahora y creo que será difícil borrarla. “¿Cuál Reforma?”

Fue el sábado 31 de octubre cuando una organización evangélica de El Salvador realizaba un evento para promover la paz y de algún modo contrastar con toda la ola delincuencial y de corrupción que azota El Salvador desde hace mucho pero que ahora es aún mayor, y conmemorar al mismo tiempo el “Día Nacional de la Iglésia Evangélica” decretado por la Asamblea Legislativa del país. Tuvimos la oportunidad con otros hermanos líderes de algunas iglesias reformadas de tener una mesa de contacto y de distribución de literatura para los asistentes. Comercialmente hablando fue un fracaso. No hay “mercado” para la Reforma en en la masa del pueblo evangélico. La gente entraba cantando la canción que tocaba el grupo de alabanza invitado y que sonaba estridente por medio del equipo de sonido que hacía que no pudiéramos escuchar nuestros pensamientos siquiera. Volteaban a ver la mesa, varios se acercaban extrañados, recibían con recelo el material gratuito y se iban. ¿El ambiente? Evangélico al máximo, y lamento no referirme con esto a la centralidad del Evangelio, a excepción de la reseña de 15 minutos que diera el pastor Mario Vega de iglesia Elim y una disertación que dio después. Había otro puesto de libros, mucho más grande, de una reconocida librería crisiana, repleta de títulos atropocéntricos a más no poder. Había en medio de todos los títulos uno que resaltó para mí: Política y Religión, de nada mas ni nada menos que Marcos Witt. Es todo (lo siento, tenía que sacarme esa espina). Hubo un desfile, “por la paz“. Hubo más música con dos “salmistas” y el cierre con broche de oro con el pastor neopentecostal Claudio Freidzon de Argentina. Ya nos íbamos para cuando él comenzaría su mensaje. No sé de qué habló.

Me surge entonces la pregunta ¿es esto ser evangélico? Recuerdo cuando de niño entendía más o menos que ser evangélico era sinónimo de compromiso con la Palabra, estudio serio y altos estándares morales reconocidos incluso por católicos romanos. Cuando ser evangélico era orden y excelencia en el desarrollo de las actividades amén de la devoción sincera. Y cuando ser evangélico significaba ser muy a menudo políticamente incorrecto cuando de proclamar el Evangelio se trataba. Reflexionando en retrospectiva, creo que faltaba entonces una profundización en la enseñanza para pasar de la piedad y devoción personales al ámbito comunitario, institucional, social y, por supuesto, político. En su momento llegaría pero nunca llegó sino que por el contrario el protestantismo de aquel entonces sufrió una deformación en vez de una verdadera reforma.

Este es el evangelicalismo de hoy: quiere diversión y entretenimiento que equipare devoción a Dios. No quiere saber nada de historia, de cosmovisión, de educación cristiana, de cuestionar la autoridad civil con la Palabra de Dios, y menos de teología. El mundo evangélico ha pagado su indulgencia y a un precio altísimo, y está tranquilo. Está sumido en un oscurantismo moderno, peor que el del siglo XVI cuando la Biblia no estaba en el idioma del pueblo y cuando nadie tenía opción de “buscar otra iglesia” donde congregarse. Ahora sí tenemos eso y más pero la masa evangélica ignora no sólo por omisión sino positivamente, decidiéndolo, enfrentar su realidad y confrontarse  a sí misma con la Palabra de Dios para “trastonar el mundo” como los apóstoles y profetas una vez lo hicieron.

Por eso la pregunta es válida y precisa, muy precisa: ¿Cuál reforma? No ha habido alguna, no para este pedazo de tierra que se llama El Salvador y creo tampoco para toda latinoamérica, a pesar de que se nos dice que la profesión “evangélica” ha tenido grandes “avivamientos” estos últimos años en la región que y ahora el número de profesantes bien podría alcanzar entre un 30 a un 40 por ciento dependiendo del país del que hablemos. Algo no cuadra.

Sé que hay por ahí “juan husses” predicando sin tapujos la verdad, “luteros” escribiendo sus tesis contra el imperio religioso de nuestros días y martillando ya a las puertas de la iglesia lo que sus consciencias cautivadas por la Palabra les dictaminan, “calvinos” que buscan restaurar el orden de la sociedad aquí y ahora por medio de llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo. No hay que parar. Y para aquellos que ha simpatizado con la Reforma y sus verdades bíblicas eternas, que coquetean con ella a escondidas pero les avergüenza confesar su amor por ella en público, los animo con esta burda frase a dejar de jugar al respecto: salgan del closet. No es fácil, tendrán oposición por todos lados pero si sus consciencias tienen por cierto lo que las Escrituras enseñan al respecto y están convencidos, como decimos acá “no hay para donde hacerse”. Como dijera Pablo el Apóstol, ¿busco el favor de hombres o el de Dios? Hay mucho trabajo por hacer, mucho por reformar, demasiadas mesas que volcar. No desfallezcamos. A su tiempo segaremos. Es tiempo de reformar.

Gracia y paz.

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3 Responses to “¿Cuál Reforma?”

  1. Francesco says:

    ¿que le sorprende? me gustaria saberlo.
    un saludo.Francesco

  2. Agudo analysis de la falta de conocimiento del los mismos herederos de La Reforma; desconcen sus propias raices. Y cuando no apreciamos nuestra historia, bien podemos repetir los errores.
    Oswald, te felicito a la vez que comparto tu asombro por la falta de aprecio. Tu reto para los hermanos reformados del pais debe hacer echo! —- Saludos a todos. “Pastor Luis”

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