La Reforma, la Fe Cristiana y la Libertad de conciencia

Si no me convencen con testimonios sacados de la Sagrada Escritura, o con razones evidentes y claras, de manera que quedase convencido y mi conciencia sujeta a esta palabra de Dios, yo no quiero ni puedo retractar nada, por no ser bueno ni digno de un cristiano obrar contra lo que dicta su conciencia. Heme aquí; no puedo hacer otra cosa. Que Dios me ayude. Amén.  ~Martín Lutero

Con estas punzantes y al mismo tiempo humildes palabras se enfrentó Martín Lutero el 18 de abril de 1521 a la Dieta de Worms; un juicio en el que se le exigía retractarse de los libros que él había escrito sobre la Fe cristiana, la Fe que contradecía siglos de tradición civil y eclesiástica y que era vista por los amigos del imperio como el monstruo que resquebrajaría toda la sociedad conocida de aquel entonces. Y así fue. Martín Lutero se encontraba contra todo el mundo de ideas conocidas hasta entonces. Las Escrituras habían alumbrado su mente y no podía hacer otra cosa que exponer la verdad y, por ende, estar en contra de la mentira, a costa de su vida, sin importar si a quien tenía que confrontar por su error era al mismísimo “vicario” de Cristo.

Hacía casi cuatro años atrás que la madrugada del 31 de octubre de 1517 Lutero había clavado sus 95 tesis en las que argumentaba en contra de los abusos de la iglesia católica romana y principalmente contra la venta de indulgencias con las cuales el ingenuo feligrés pretendía comprar el perdón de Dios otorgado por el papa, aún para pecados por cometer.

Esto es solamente un ejemplo de cómo la Palabra de Dios alumbra el entendimiento del hombre para ser en verdad libre. Se nos muestra la inevitable respuesta del corazón que ha sido liberado del yugo del pecado y de la ignorancia: un anhelo del conocimiento de Dios y el ardiente deseo de proclamar la verdad a pesar de las consecuencias.

Con esto queda claro que el sometimiento a las Escrituras no es de ningún modo esclavitud sino todo lo contrario. El conocimiento y reconocimiento de la Biblia como Palabra de Dios conduce al hombre y la mujer a ver las cosas como son, a verlas como Dios las ve. Así la conciencia que es cautiva de las Escrituras es en verdad libre para pensar y defender la verdad.

La Biblia está llena de ejemplos que nos confirman que la conciencia del creyente no es coartada con la Fe sino avivada.

En Hechos 17:10-11 se nos habla de los cristianos de Berea, quienes creyeron al mensaje de Pablo no por sus palabras o su persuasión, o por las señales que acompañaban su ministerio, sino porque verificaron en las Escrituras que lo que decía era cierto. Demostraron así su libertad para aceptar o rechazar cualquier autoridad con base en las Escrituras.

El autor de la carta a los Hebreos, en el capítulo 13 versículo 7 nos exhorta a recordar a nuestros dirigentes en la iglesia considerando el resultado de su conducta para imitar su fe. No nos habla de una ciega obediencia a ningún líder.

Pablo, en 1 Tesalonicenses 5:21 manda a examinarlo todo y retener lo bueno. De modo que nadie está exento de ese examen.

Y Pedro, de quien muchos dicen aún que fue la roca a la que Jesucristo se refería en Mateo 16:18, y a quien identifican como primer vicario de Cristo, curiosamente no se adjudica autoridad alguna sobre nadie, ni infalibilidad en sus palabras, sino que nos da libertad de conciencia al decir, en 2 Pedro 1:20:

Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada. (Énfasis añadido)

Tenemos entonces, todos lo creyentes, un maravilloso don de Dios que es la libertad de conciencia; libertad que aflora cuando, sometidos a la Palabra de Dios, llevamos todo pensamiento cautivo a la obediencia a Cristo (2 Corintios 10:14) y no tenemos temor de “desobedecer” lo que el mundo dicta.

De modo que podemos los protestantes (evangélicos, presbiterianos, bautistas, reformados, pentecostales, etc.) dar gracias a Dios de no tener a nadie por cabeza sino a Jesucristo. Él es la cabeza de la Iglesia y ésta es Su cuerpo. No obedecemos ciegamente a un hombre, pues todos somos pecadores, ni a ninguna organización mundial o denominación local que busque cobijarnos como “madre” de nuestra profesión de Fe. Obedecemos a las autoridades, terrenales y espirituales,  en la medida en que sus dictámenes y órdenes no entran en conflicto con lo que Dios ha dicho que es bueno en Su Palabra, siguiendo el mandato de Dios también (Hechos 4:19). Así que, siguiendo el ejemplo de Martín Lutero, usemos siempre nuestra libertad de consciencia, procurando que siempre sea para la Gloria de Dios.

Feliz Día de la Reforma.

31.10.2012

¡495 años de libertad!

Lutero en la Dieta de Worms.

Lutero en la Dieta de Worms.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: