W. Robert Godfrey: Verdadero Calvinismo

“Fuerte en doctrina y erudición, pero débil en la vida, la pasión y el evangelismo.” Muy a menudo esta es la imagen popular del Calvinismo. Es probable que algunos Calvinistas de nuestros tiempos sean a veces los responsables de perpetuar esta imagen. En su ansiedad de precisión teológica parece que algunos Calvinistas buscan convertir sus iglesias en sociedades de debate teológico. Para el espectro esta popular imagen es acertada, muchos Calvinistas actuales han dejado de ser auténticos Calvinistas.

Los verdaderos Calvinistas están tan preocupados acerca de la religión que concierne al corazón como de la religión que concierte al pensamiento. Es decir están tan conscientes acerca de la vida de la fe como lo están acerca de la ortodoxia doctrinal.

Hoy día en América mucho del evangelicalismo parece estar tan enfocado en la experiencia religiosa que tiende a olvidar la importancia de la verdad doctrinal. Pero este desbalance en el evangelicalismo no debería conducir a un desbalance en el Calvinismo. El verdadero Calvinismo sabe muy bien que la sana doctrina es y debe ser transformadora de la vida.

Juan Calvino dijo que la verdadera religión está repleta de piedad. El definió piedad como “esa reverencia acompañada de amor de Dios a la que el conocimiento de sus beneficios induce.” (Inst. I,ii,1) El conocimiento de la verdad de Dios es fundamental, pero siempre conlleva frutos en reverencia y amor. La verdad distintiva que el Calvinismo halla en la Biblia conduce a una piedad, adoración y vida distintivas.

EN LA HISTORIA

Esta convicción no estaba limitada a Calvino o a la primera generación de Calvinistas. Continuamente a través de la historia del movimiento Reformado el compromiso hacia una religión tanto de la mente como del corazón ha sido reafirmado. El Catecismo de Heildelberg, escrito en 1563, demuestra poderosamente este hecho. Una cálida y vital piedad es una de las marcas distintivas del catecismo. Repetidamente pregunta “¿Cómo afecta para bien de tu vida esta doctrina?”

Podemos encontrar un ejemplo del compromiso hacia una religión de tipo mente-corazón en el siglo XVII, con el teólogo reformado holandés Gisbertus Voetius. Él fue uno de los grandes teólogos escolásticos de su tiempo y se preocupó mucho por una teología precisa. Pero estaba también preocupado por la religión concerniente a la vida. Su primer trabajo publicado fue “Prueba del Poder de la Piedad.” El título de su lectura inaugural como profesor de teología resumió la pasión de su vida: “Sobre el conocimiento acompañado de piedad.”

Voetius tenía una convicción muy parecida a la de los puritanos en Gran Bretaña. Ellos a menudo se referían a Efesios 1:15 como el fundamento de sus cometidos: “Mirad pues cómo andáis, no como necios sino como sabios.” Para los puritanos, la vida Cristiana debe ser una vida en constante examen. El compromiso a ser cuidadosos respecto a lo que los Cristianos creen y cómo viven es crucial. Los puritanos resumieron las claves de su inspiración en los Catecismos y en la Confesión de Westminster. En estos documentos clave podemos observarlos tan preocupados por tener vidas santas y activas como por aferrarse a la verdad doctrinal.

El Calvinismo americano ha poseído una convicción similar. Los documentos de fundación del Seminario Teológico de Princeton, el primer seminario Presbiteriano fundado en América en 1812, incluyen la afirmación: “conocimiento sin fervor y fervor sin conocimiento causan al final un grave daño a la iglesia.” El Seminario de Princeton, y el Westminster de California como uno de sus sucesores, reconocieron que tanto el fervor como el conocimiento adquirido son importantes para el bienestar de la iglesia. Adquirir conocimiento sin fervor alguno conduce a la total inactividad y al racionalismo. Fervor sin conocimiento es simple emocionalismo desinformado.

EN LA ESCRITURA

La convicción Calvinista de una religión tanto de la mente como del corazón se deriva sin lugar a dudas de las Escrituras. Un pasaje donde podemos verlo claramente es el Salmo 45, en el que se nos dice que la misión de gran rey de Dios es esta: “En tu majestad cabalga en triunfo, por la causa de la verdad, de la humildad y de la justicia” (v. 4.). Esos tres elementos: verdad, humildad y justicia, resumen la interdependencia de la ortodoxia y la vitalidad (vida) en lo que a religión Bíblica y Reformada respecta.

El Salmo 45 es una celebración del grandioso y bendecido rey de Dios. Este rey es bendecido en su carácter justo (vs. 2,7,8). Él es aquel que siempre ama el bien y odia el mal. El rey es bendecido en su bondadosa conquista (vs. 3-6,16). El saldrá victorioso sobre todos sus enemigos en la causa de Dios. Y es también bendecido en su hermosa compañera (vs. 9-15). El halla gozo, belleza y pureza en su prometida.

El cuadro de este rey es el de un reinado ideal. Ningún rey en Israel alcanzó jamás a llenar la medida de este ideal. Pero el salmo en mención celebra cómo el rey debe cumplir la visión del fiel y verdadero rey descrita en Deuteronomio 17:18-20, “Y sucederá que cuando él se siente sobre el trono de su reino, escribirá para sí una copia de esta ley en un libro, en presencia de los sacerdotes levitas. La tendrá consigo y la leerá todos los días de su vida, para que aprenda a temer al SEÑOR tu Dios, observando cuidadosamente todas las palabras de esta ley y estos estatutos, para que no se eleve su corazón sobre sus hermanos y no se desvíe del mandamiento ni a la derecha ni a la izquierda.”

Aquí en Deuteronomio, como en el Salmo 45, el rey exalta la verdad, la humildad y la justicia. El rey guarda la palabra de Dios, la cual siempre tiene consigo, y medita en ella cada día de su vida. Él expresa la humildad del que no se exalta a sí mismo por sobre sus hermanos, sino que se identifica con ellos. El refleja en su vida la justicia de Dios, sin desviarse ni a la derecha ni a la izquierda.

EN JESUCRISTO

Este reinado ideal se cumple en Jesucristo solamente. Sólo Él es el grandioso y bendecido rey descrito en Deuteronomio 17 y el Salmo 45. Vemos eso claramente en Apocalipsis 19:9,11,16, “¡Bienaventurados los que están invitados a la cena de las bodas del Cordero!… Y vi el cielo abierto, y he aquí, un caballo blanco; el que lo montaba se llama Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y hace la guerra… Y en su manto y en su muslo tiene un nombre escrito: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES.” Su nombre es verdadero. Como cordero es humilde. Él es recto y justo en su victoria.

Este glorioso rey, de acuerdo a Salmos 45:4 no sólo es verdadero, humilde y justo en sí mismo. Él lleva la victoria de manera que su pueblo también refleje esas virtudes. Él construye un reino en el que sus súbditos también son verdaderos, humildes y rectos.

En Cristo, nosotros su pueblo somos llamados a la verdad. La verdad no es una opción extra para el pueblo de Dios. En la Gran Comisión Jesús dio instrucciones a sus apóstoles de hacer discípulos para obedecer todo lo que Él les mandó que hicieran. Los verdaderos discípulos ansían conocer la plenitud de la revelación de Dios en Cristo. Jesús no es un minimalista cuando se trata de la verdad y tampoco sus seguidores han de serlo. Esa es la razón porqué nosotros en el Seminario Westminster de California invertimos tanto tiempo y energía enseñando a los futuros ministros a conocer y enseñar la Palabra.

En Cristo somos llamados a la humildad. Esta virtud no siempre es bien representada en la comunidad Reformada. Muy a menudo la confianza en nuestro aprendizaje y ortodoxia nos vuelve orgullosos. Tal orgullo no apoya nuestra causa hacia otros. Por medio de la oración, confesión y trabajo duro, necesitamos cultivar un espíritu de amor por los demás y una ansiedad por compartir lo que tenemos. No es la intención de la humildad rebajar la importancia de la doctrina. Es escuchar a otros y crecer reconociendo que ellos también tienen el Espíritu de Dios y que podemos aprender de ellos cómo servir a Dios y a su pueblo.

En Cristo somos llamados a la justicia. Tal justicia es en primer lugar la perfecta justicia de Jesucristo mismo imputada a nosotros para nuestra justificación y recibida por la fe únicamente. Pero esta justicia es también la justicia santificadora que Jesucristo obra progresivamente en su pueblo. En Jesucristo somos un pueblo que crece en santidad.

CONCLUSIÓN

Esta convicción es el fundamento del trabajo aquí en el Seminario Westminster de California. Nos dedicamos a formar dinámicos y bien preparados ministros. Es esencial preocuparse tanto por la mente (sana doctrina) como por el corazón (la vida de la fe). Algunas iglesias de hoy parecen indiferentes respecto a la educación y se preocupan solamente por que el ministro sea entusiasta y “efectivo” dirigiendo a otros e inspirando a la gente. Pero los ministros son llamados a ser ministros de la Palabra. Para predicar la Palabra fielmente ellos deben estar capacitados para estudiar la Palabra. Para llevar a cabo su estudio necesitan conocer algo de los idiomas griego y hebreo, de la historia de la teología y los estudios Bíblicos, y de las confesiones de la iglesia. Es muy probable que aquellos que simplemente predican basados en su estudio personal de las traducciones inglesas y tienen muy poco conocimiento de la historia de la reflexión teológica cristiana, conduzcan a la iglesia por el camino incorrecto. Por lo general no son en verdad humildes. Podrán pretender que su indiferencia hacia la educación es una señal de humildad, pero en verdad están orgullosamente alardeando acerca de que no necesitan al resto de la iglesia y de su sabiduría en su trabajo, sino que pueden hacerlo por si solos. Tal actitud ha resultado en innumerables errores doctrinales que acosan a la iglesia norteamericana.

La conclusión de los Cánones de Dort resaltan el punto de vista Reformado acerca de la correcta función de la doctrina en la vida de la comunidad Cristiana: “Este Sínodo exhorta a todos sus hermanos en la fe del Evangelio de Cristo a conducirse a sí mismos piadosa y religiosamente en el manejo de esta doctrina, tanto en las universidades como en la iglesia; a proyectarla como en su discurso también en sus escritos, para la gloria del Divino nombre, la santidad de la vida y para la consolación de las almas afligidas…

La pureza de doctrina tanto glorifica a Dios como ayuda al pueblo de Dios. El pueblo de Dios es sin lugar a dudas exhortado por la verdad a confesar la verdadera fe que produce santidad y consuelo en sus vidas.

Publicado previamente en Evangelium, Vol. 3, Número 5

Por W. Robert Godfrey © Julio 26, 2010 Westminster Seminary California. Website: www.wscal.edu.  E-mail: info@wscal.edu.  Phone:  888/480.8474

El Dr. Godfrey enseña historia de la iglesia en el Seminario Westminster de California desde 1981. Anteriormente enseñó en el Seminario Teológico Gordon-Conwell, la Universidad de Stanford, y en el Seminario Teológico Westminster de Filadelfia. Es el tercer presidente del Seminario Westminster de California y es ministro en las Iglesias Reformadas Unidas de Norteamérica (URCNA). Ha disertado en varias conferencias incluyendo las patrocinadas por el Comité de Lausana para la Evangelización Mundial, la Conferencia de Filadelfia sobre Teología Reformada, y Ministerios Ligonier.

 

Traducción libre por Oswald Chamagua para cristianismoreformado.org

Tomado de WSC Resources

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