Credos, Catecismos y Confesiones de Fe

Como preámbulo, primero me resulta necesario aclarar los términos cuando me refiero a credos, catecismos y confesiones.

En nuestro ámbito evangélico, al menos en El Salvador, rápidamente asociamos esas palabras con la iglesia católica romana y lamentablemente aun el diccionario vincula la palabra catecismo y credo con esta institución. Sin embargo la práctica de catequizar no es exclusiva de la iglesia católica romana, sino que ha sido empleada desde los inicios de la iglesia para instruir a los nuevos convertidos, así como a los hijos de los creyentes y también para fortalecimiento y guía de los creyentes maduros. La palabra catequizar simplemente significa instruir o adoctrinar de manera ordenada. En otras palabras el catecismo es un recurso pedagógico que busca instruir y entrenar a las personas en una materia, en este caso la fe cristiana, por medio de preguntas y respuestas ya dadas de manera ordenada y sistemática; por lo que catecismo nada tiene que ver con la iglesia de roma de manera exclusiva. Por otro lado la palabra credo proviene del latín y significa simplemente lo que creo. Y las confesiones son eso mismo: confesiones; es decir actos de declarar lo que uno sabe o cree. Así que si algún lector pensaba en mí como alguien con una agenda para introducir el romanismo dentro de la fe evangélica, con esto aclaro que no es así.

!Comencemos!

La Fe Cristiana es todo un precioso sistema de creencias y como tal tiene un orden. Si queremos transmitir esa Fe a los nuevos creyentes y a nuestros hijos, lo más lógico es que reconozcamos la responsabilidad de conocer dicho sistema y de vivir de acuerdo a él.

Para muchos dentro del ámbito evangélico, decir que la Fe Cristiana es un sistema es reducirla a algo técnico, sin vida, algo de la letra y no del Espíritu. Sin embargo todos en la vida nos conducimos en base a un, y a veces más de un, sistema de creencias que conforma el lente por medio del cual vemos el mundo que nos rodea. Por ejemplo, alguien que cree que todos los perros sólo quieren morder a alguien, mirará a todos los perros como potenciales amenazas a su persona. Dicha creencia de que todos los perros están al acecho hará que la persona evalúe la realidad en base a dicha creencia aunque esté errada, y así esta persona nunca podrá, o le será muy difícil, establecer una relación de afecto con un perro como mascota. Pero ¿de dónde provino esa creencia? Es posible que haya escuchado en su niñez alguna historia de un perro rabioso y que tal historia haya dejado impregnada en su mente la imagen de un perro atacando a una persona y de ahí el miedo a todos los perros. O tal vez haya vivido en carne propia la experiencia de haber sido atacada por un animal de esta clase y no pudo superar el consecuente miedo a ser atacada de nuevo. De todos modos esa creencia permanecerá en la mente de la persona hasta que la sustituya por otra, como por ejemplo la de que no todos los perros desean saborear la carne humana sólo porque sí. Es así como podemos darnos cuenta de que una creencia, cualquiera que esta sea, puede traducirse en algo que se vive y no que solamente queda relegado al ámbito de las ideas.

Así, hablando de la Fe Cristiana, podemos decir que creemos en Dios, y esa creencia, según lo arraigada que esté en nuestra mente, modelará la forma que vemos al mundo, de manera distinta a la que tendríamos si no creyéramos que Dios existe. Cómo cristiano creo también que Dios aborrece y castiga el pecado; ¿cómo afectará mi conducta dicha creencia? Y más importante: ¿de dónde obtuve la creencia de que Dios existe? ¿Cómo sé que a Dios le disgusta sobremanera el pecado? ¿Cómo llego a conocer que Dios es bueno? ¿Cómo sé que el camino a Dios es solamente por medio de Jesucristo? ¿Es acaso solamente porque así siento que deben ser las cosas? ¿O existe alguna fuente con un orden de ideas que me permite moldear mi pensamiento para ver y entender mejor la realidad? La respuesta a esta última pregunta es sí la hay, y esa fuente es ni más ni menos que la Biblia, la Palabra de Dios, escrita, sí, por hombres mortales pero inspirada por Dios mismo a través de su Espíritu Santo, quién reveló y guió a los autores en lo que habían de escribir. Esto, claro, es un misterio y hablaremos de ello en el futuro, pero la evidencia de que la Biblia es una obra de Dios es irrefutable y con esa evidencia damos razón de por qué creemos también que la Biblia es la Palabra de Dios. Lo que nos interesa aquí es que el sistema de creencias de la Fe Cristiana evangélica no puede provenir de otra fuente más que de la Biblia. Aunque la naturaleza y la misma ciencia nos da algo de luz para conocer y entender mejor lo que Dios ha creado, es con la Biblia, la Palabra de Dios, con la que medimos (evaluamos) todo lo que nos rodea, incluyendo los avances científicos.

Pero al abrir la Biblia y comenzar a leerla nos topamos con la primera afirmación en torno a algo que se considera verdadero (y lo es) y que ni siquiera da lugar para discutir su veracidad ni trata de comprobarla, simplemente la afirma:

En el principio creo Dios los cielos y la tierra… (Génesis 1:1)

¿Qué se puede dilucidar de tan corta pero profunda frase? Enumeremos algunas cosas:

1.       Dios existe

2.       Hubo un principio

3.       Dios existía antes del principio

4.       El cielo y la tierra no se formaron por sí solos

5.       Dios tomó la iniciativa al crear el cielo y la tierra

6.       Dios tiene que ser muy poderoso para ser creador del mundo que nos rodea

7.       Dios es consciente (sabe lo que hace)

8.       Dios es ordenado (no hace cosas al azar sino que tiene un plan)

9.       Dios creó con un propósito

10.     Dios tiene voluntad, etc.

Y así comienza la revelación escrita de Dios para la humanidad; y a lo largo de todo el relato bíblico, comprendiendo alrededor de 4,000 años de historia, redactados en un periodo de 1,600 años por más o menos 40 autores, en 66 libros que se componen de cartas, cantos, historia narrativa, poemas, proverbios, profecías, anécdotas y parábolas, Dios se da a conocer a sí mismo así como su plan para la humanidad y en especial para Su pueblo escogido de entre todas las naciones.

A medida vamos leyendo más allá del versículo 1 de Génesis, vamos encontrado más verdades afirmadas. Surgen lógicamente más preguntas en nuestra mente que serán respondidas, o al menos atendidas, más adelante en el relato bíblico.

Con el tiempo veremos con detalle cómo se formó poco a poco la Biblia, pero por ahora es mi intención demostrar que la Biblia es, o debe ser definitivamente, la base de nuestra fe como cristianos.

Sin embargo, históricamente la iglesia se ha enfrentado a constantes ataques a su fe desde sus inicios, aún por personas que confesaban ser cristianas. Vemos en los relatos del Nuevo Testamento cómo los líderes de la iglesia, en particular Pablo, tuvo que enfrentarse a aquellos que querían obligar a que se mantuviera la observancia de la Ley de Moisés para los nuevos creyentes, incluso aquellos que no eran de origen judío. Fue necesario que se escribieran cartas de exhortación a las iglesias para que se mantuvieran en la fe que habían recibido al nacer de nuevo y no cayeran en el error de seguir mandamientos de hombres para agradar a Dios (Gálatas 3). De la misma forma fue necesario refutar por escrito a algunos supuestos cristianos que enseñaban que no habría tal cosa como una resurrección de los muertos (1ra. Corintios 15). Y en tiempos después de escrita la Biblia, la iglesia se ha enfrentado a ataques contra diversas de sus doctrinas esenciales como la doctrina de la Trinidad, la Deidad de Cristo, La Salvación por Gracia, la Soberanía de Dios, etc. ¿Y cómo se ha enfrentado a tales retos? Por medio de concilios, teniendo como máxima autoridad la Palabra de Dios, y dejando plasmada por escrito su postura ante los argumentos que se habían levantado contra ella. También muchos maestros importantes se dedicaron a ordenar manera escrita el pensamiento cristiano que debía sustentar la mente de cada creyente con el fin de mantener la fe y la práctica cristianas bien encarriladas sobre una base bíblica ordenada. Esos escritos se conocen como catecismos, confesiones y credos.

Las iglesias reformadas han sido por lo general iglesias confesionales, es decir iglesias que se adhieren a confesiones de fe establecidas que conforman su pensamiento y estipulan así lo que se ha de enseñar a sus miembros con el objetivo de formar en cada creyente una cosmovisión integral que glorifique a Dios por sujetarse a Su Palabra. Existe, por ejemplo, un grupo documentos denominado Las Tres Formas de Unidad, compuesto por las siguientes declaraciones de fe:

–          El Catecismo de Heildelberg

–          La Confesión Belga y

–          Los Cánones de Dort

Con este grupo de documentos muchas iglesias reformadas dan a conocer sus posturas con respecto a la revelación de Dios y los elementos que constituyen su doctrina.

Las iglesias presbiterianas, que no son otra cosa las iglesias reformadas nacidas o provenientes de Escocia, se adhieren por lo general a la Confesión de Fe de Westminster, otra importante declaración de fe que nos ha legado la Iglesia a través de la historia.

Por otro lado, muchas iglesias bautistas, y más aquellas que se declaran bautistas reformadas por sostener en su enseñanza y práctica las Doctrinas de la Gracia (o los cinco puntos del calvinismo), cuentan con la Confesión Bautista de Londres como la constitución que da forma ordenada a su fe.

Los mencionados son sólo algunos de los documentos más importantes escritos para protección de la doctrina de la Iglesia y para  provecho de las nuevas generaciones de creyentes. En su momento veremos cómo surgió cada uno y de qué consta. Existen, por supuesto, otros documentos de igual o menor trascendencia, que dan constancia escrita de qué cree este o aquel grupo de creyentes.

Existen también los credos que son declaraciones de fe mucho más breves que buscan sentar postura respecto a una o varias doctrinas en particular. Los más comunes son:

–          El Credo de los Apóstoles

–          El Credo Atanasiano y

–          El Credo de Nicea

La razón de todo esto es simple: si alguien te pidiera que le explicaras en forma clara qué es lo que crees como cristiano, ¿qué responderías?, ¿con qué comenzarías? ¿Con Jesús? ¿Con Dios Padre? ¿Con el Espíritu Santo? ¿Con la Biblia? ¿Con la naturaleza? ¿Con tus sentimientos? Y si te pide que lo escribieras, ¿cómo lo harías? Valdría la pena si haces el ejercicio, pero para alegría nuestra ya muchos lo hicieron y muy bien.

Lamentablemente en nuestros días el cristianismo ha sido infectado por el posmodernismo. Ya no importa que crees en verdad sino cómo te sientes. Líderes de masas se autoproclaman profetas o apóstoles a quienes Dios, según ellos, les ha revelado de manera particular una nueva visión, una nueva forma de ejercer la fe, una nueva manera de escuchar a Dios y hacer su supuesta voluntad, creando así un nuevo cristianismo que, al compararlo con el cristianismo bíblico, no puede encontrarse relación alguna entre ambos a parte del nombre. Se desechan así 2000 años de historia en los cuales Dios por medio de Su Espíritu Santo ha guiado a Su Iglesia cuando se enfrentó al error de cada tiempo levantando hombres y mujeres que exhortaban a volverse a la verdadera Palabra de Dios. Difícilmente existirá actitud más arrogante que esta de inventar un nuevo evangelio al gusto del cliente.

Por eso animo a todo aquel que se considere un creyente del evangelio, amante de la verdad bíblica y de la Iglesia de Cristo a que conozca nuestra historia, la de los cristianos evangélicos. No hará falta quién diga piadosa pero ignorantemente (en el sentido correcto de la palabra, no en el despectivo) que le basta con la Biblia para decir lo que cree y la guía del Espíritu para enseñar. Con tristeza puedo decir que ha sido esa precisamente la actitud de muchos falsos maestros que han llevado a muchos al error y por ende a la perdición eterna, pues tal aparente piedad no es otra cosa que orgullo de un corazón que no se humilla para aprender y que cree estar en mejor posición espiritual que otros para conocer la revelación de Dios. No es que la Biblia conduzca al error, pero la perversidad de un corazón que no se sujeta a la Palabra de Dios y la falta de humildad ante la iluminación que el Espíritu Santo ha ido dando con el tiempo a su Iglesia en lo que a interpretación bíblica respecta (sin caer en el error de decir que es la iglesia como institución la única autorizada para interpretar las Escrituras), puede llevarnos al infierno con Biblia en mano y a muchos otros detrás nuestro. De más está decir que abundan los grupos religiosos que afirman creer en la Biblia y sin embargo siguen mentiras. Mientras, Hollywood en muchas películas hace ver a menudo que aquellos que creen en la Biblia son personas con inestabilidad mental.

Por lo tanto, lee tu Biblia, ámala, escudríñala, pide la iluminación del Espíritu Santo; ningún documento puede sustituir a la propia Palabra de Dios; pero escucha y juzga lo que Dios ha enseñado otros quizá mejor preparados que nosotros; escucha y juzga cómo la Iglesia ha respondido a los ataques del enemigo a través de los tiempos. Lee cualquiera de, si no todos, los documentos mencionados aquí, busca los fundamentos de cada argumento en la Biblia y no dudo que el Espíritu hará arder tu corazón cuando veas la abundancia de riqueza de Verdad que guardan cuales cofres dichos documentos, si en verdad amas la Verdad. Y lo mejor que puedes hacer después, es compartir tu nueva riqueza en Cristo con tus hermanos y hermanas.

¡Soli Deo Gloria!

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