Sola Adoratio. ¿Idolatría de la Alabanza?

Al parecer esta es la consigna de buena parte del evangelicalismo de nuestro país y, hasta donde puedo ver, de toda América. Con Sola Adoratio quiero decir sólo la adoración o sólo la alabanza, dando a entender con esto que la alabanza o, más bien, la música ha sustituido en en gran manera los elementos para glorificar a Dios, no solo en el culto sino en el quehacer de la iglesia misma, como si solamente la música o, a menudo mal llamada, alabanza sea el único medio que Dios nos ha dejado para conectarnos con Él como creyentes.

Me gusta la música, y no solamente la expresamente cristiana. Tampoco estoy hablando en contra de los variados géneros musicales que ahora se producen también en el ámbito cristiano evangélico; ese es otro tema. Sino que hablo de la industria idolátrica en que se ha convertido el ministerio de la alabanza (por cierto que el ministerio de alabanza como un orden de Dios dado a  un individuo en particular dentro o fuera de la iglesia, no aparece en la Biblia, contrario a ministerios como el de pastor, evangelista, maestro, etc. que sí son registrados).

Basta ver hacia dónde corren los jóvenes en la iglesia cuando se les ofrece escoger entre entrenamiento bíblico (lo cual es raro en estos días, de paso) y pertenecer al coro o al grupo musical. De manera que es posible afirmar sin ánimo de exageración que la música se ha convertido en un ídolo dentro de la iglesia, pues ha sustituido en muchas denominaciones elementos importantes como la predicación, el estudio de la Palabra, la oración, la meditación, etc., convírtiéndose en un fin en sí mima, cuando en realidad es un medio para adorar a Dios.

Se organizan por doquier eventos para calificar a los ministros salmistas del mañana; eventos cuales American Idol, Factor X, La Academia, Cantando por un Sueño, etc. en los que un grupo de jueces examinan el desempeño artístico en el escenario de aquellos que quieren lograr su sueño de ser reconocidos como ¿qué? cantante cristiano del momento, artista cristiano, ministro de alabanza, salmista (vale la pena discutir este último término), en fin, algún título que haga sobresalir de entre aquellos que no se desempeñaron tan bien.

Hablando de conciertos cristianos (otro concepto también extraño tanto bíblica como históricamente dentro del ámbito eclesial), éstos casi no se distinguen de los seculares en los que las multitudes se llenan de euforia, aclaman a sus artistas gritando su nombre, hacen largas filas para obtener sus autógrafos o una foto y se necesita de seguridad para mantener al artista protegido de la ingente masa de personas que quiere acercarse a hacer contacto con él o ella.

En el ámbito comercial, las disqueras o casas productoras (al menos las seculares) ven en el pueblo evangélico un mercado en el cual competir para llevar… ¿la gloria a Dios? ¡No! Sino mayores ganacias a sus arcas. Y es que la alabanza se ha convertido en un modo de entretenimiento únicamente para evitar que la gente se aburra y se aleje de la iglesia. Conste que no estoy en contra del uso de instrumentos y de que se haga música cristiana con buena calidad. Pero basta escuchar a unos cuantos artistas cristianos del momento y no escucharemos más que buen ritmo, emocionalismo, romanticismo, sensualidad (apelación a los sentimientos), pero poco o nada de Biblia o teología en el contenido de sus canciones. Palabras y frases repititivas, oraciones sin sentido bíblico/cristiano, mensajes motivacionales y positivistas son los ingredientes más abundantes de los hits cristianos del momento. Muchos creyentes encuentran el consuelo que necesitan en esta o aquella otra canción, sustituyendo de esta manera la Palabra de Dios, que tiene todo el consuelo que necesitamos (Salmos 119:50,52). La biblia nos exhorta a orar si estamos afligidos y a cantar si estamos alegres (Santiago 5:13); pero tomar esto como base para llenarse de euforia en medio de la multitud y decir que esa es la única expresión de estar en la presencia de Dios no tiene nada que ver con el sentido de este pasaje.

Respecto a los cultos, en muchas iglesias mientras más se asemeje a un concierto el tiempo de adoración, mejor aceptación tendrá entre los oyentes y más personas serán atraídas a los mismos. Se busca que la alabanza sea del gusto de la mayoría de los miembros en cuanto a ritmo y aún mensaje, comprometiendo así el objeto de la verdadera alabanza, a saber: exaltar a Dios en Su Hijo Jesucristo.

Considero que buena parte de la responsabilidad recae sobre los líderes que ven sin importancia los abusos que se comenten bajo la excusa de glorificar a Dios y apoyan estas actitudes; a esto se une el hecho de que simplemente no enseñan a los miembros de sus iglesias a tener sobriedad y discernimiento basados en la Biblia, sino que simplemente se deja que las personas “experimenten” el ser cristianos y saquen sus conclusiones o juicios al respecto, pero es que ni siquiera tienen que sacar conclusiones. Esto es en buena parte resultado de la entrada del posmodernismo en las iglesias evangélicas, de manera que al creyente moderno le es muy difícil encontrar un parámetro por el cual medir las cosas que se alejan o se aproximan a la verdad o a lo justo. Por ejemplo, siempre en el ámbito musical, un artista cristiano puede interpretar una canción con cualquier tipo de contenido, no necesariamente bíblico sino quizá hasta contrario a la fe cristiana en algún aspecto, pero nadie dirá nada, porque nadie sabe como reconocer si dicha canción está cerca o alejada de la verdad o de lo que glorifica a Dios (¡quizá ni el intérprete o artista mismo lo sabrá!). Lo mismo pasa en la vida cristiana: desfilan todo tipo de circunstacias ante nosotros, en la iglesia se dan todo tipo de sucesos, se escucha toda suerte de cosas desde los púlpitos y solamente nos limitamos a vivir del momento como niños inmaduros. ¿Y por qué? En palabras del teólogo Sinclair Ferguson, «pensamos con nuestros sentimientos» (1). Mientras se sienta bien, no hay nada de qué quejarse o alarmarse ni por qué objetar nada; la intención es lo que cuenta.

Pero si en verdad queremos exaltar a Dios por medio de la alabanza, es necesario primero reconocer que la misma tiene que ser resultado de nuestro  conocimiento correcto de Dios y del entendimiento de su voluntad respecto al espíritu en que hemos de alabarle.

Dios ha hecho todas las cosas, incluyendo la música, para Su propia gloria (Colosenses 1:16); y la ha otorgado  al ser humano para que la conozca, la recree y la disfrute utilizándola para expresar no sólo sus emociones sino igualmente su pensamiento respecto de Dios y sus obras, basado por supuesto en el previo conocimiento de Él revelado en Su Palabra y en Su creación y experimentado en la regeneración que cada día el Espíritu Santo va llevando a cabo en aquellos que reconocen a Jesucristo como Señor de sus vidas (por supuesto que la música también es un medio de esparcimiento y diversión, los cuales también Dios promueve para sus criaturas, pero lo que nos atañe aquí es la música como elemento de adoración directa a Dios).

Por lo tanto, la alabanza musical (es decir la alabanza acompañana de armonía con instrumentos musicales) es el medio por el cual el creyente, ya sea solo o en asamblea con sus hermanos, busca glorificar a Dios cantando aquellas verdades que exaltan todo lo relacionado, en espíritu de verdad, a Dios, lo que a la vez produce verdadero  gozo y verdadero consuelo, y no solamente alegría y emociones sin razón, a los que alaban de corazón con el entendimiento (1 Corintios 14:15).

Es necesario, pues, redimir el concepto actual de alabanza, tomando conciencia bíblica de su significado y propósito; para comenzar a hacerlo, recomiendo seguir el valioso consejo del pastor C.J. Mahaney respecto de la alabanza musical centrada en el evangelio:

Existen a la disposición innumerables discos compactos, pero es importante escoger los que centran nuestra atención en la asombrosa verdad de lo que Dios hizo a nuestro favor. No todas las canciones de adoración son iguales. Hoy en día muchas se centran en el hombre, no en la cruz. Se enfocan más en lo que necesitamos, o en lo que deseamos que haga Dios, que en lo que ya hiciera Jesús… Siempre que la busque, por favor, haga de la adoración centrada en la cruz una parte regular de su rutina diaria. Si es como yo que no puede tocar un instrumento, adore con música grabada. No hay una mejor manera de comenzar el día que usando canciones e himnos que hablen con claridad y poder acerca de la cruz. (2) (Énfasis añadido)

No cabe duda que la alabanza, musical o no, es un elemento importante en las vidas de los creyentes en Cristo. De la misma manera, no puede ni debe omitirse tal elemento del culto público que las iglesias locales llevan a cabo. Pero el canto  o la música por sí solos sin mayor propósito que el buen y agradable (a veces no) sonido emitido por los instrumentos, ya sean éstos eléctricos o acústicos, o de las voces de los que tienen el cargo de dirigir la alabanza en la congregación, dicho en breve cantar por cantar, no tiene ningún sentido ni bíblico, ni cristiano, ni teológico. No hay manera de expresar mejor lo infructuoso, y aún contraproducente, de una alabanza litúrgica vana que como lo hiciera el reformador ginebrino Juan Calvino en sus Instituciones:

Es más que obvio que ni las palabras ni el canto, usados durante la adoración, son de la más mínima utilidad ni tienen el valor de una tilde delante de Dios,  a menos que procedan de lo más profundo del corazón…  Si el  canto es cosa solemne por la majestad que conviene a la presencia de Dios y los ángeles, da dignidad y gracia a los actos sagrados y tiene una poderosa tendencia a disponer la mente para el verdadero celo y ardor en la oración. Sin embargo, tenemos que estar en guardia, no sea que nuestros oídos estén más interesados en la música que nuestras mentes en el significado espiritual de las palabras… Los cantos compuestos solamente para delicia y recreo del oído están contraindicados con la majestad de la Iglesia y no pueden sino disgustar al Señor. (3)

Es tiempo entonces de reconocer nuestro pecado de convertir la alabanza música en un ídolo que pretende robar la gloria al Único que la merece, y que por años ha mantenido entretenidos  y adormecidos a miles de cristianos mientras se desnutren espiritualmente. Reconocer nuestro pecado es el primer paso para el cambio, arrepentirnos el segundo, y comenzar a alabar a Dios en nuestra vida y cantarle, con música o sin música, en la congreación o en la soledad, como respuesta de la maravilla que nos produce el conocerle en verdad, debe ser parte de nuestro caminar diario en esta nueva vida que Jesucristo nos ha dado.

Quiero alabarte, Señor, con todo el corazón,
y contar todas tus maravillas.

Quiero alegrarme y regocijarme en ti,
y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo.

Salmos 9:1-3 (NVI)

Notas:

(1) Sinclair Ferguson, Deserted by God? Citado por C.J. Mahaney en La Vida Cruzcéntrica. p48. Editorial Unilit 2003.

(2) Op cit. p61,62.

(3) Juan Calvino. Instituciones, Libro III: 31,32. Citado por Philip E. Hughes en Juan Calvino. Profeta Contemporáneo. p83. Editorial CLIE 1973

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9 Responses to Sola Adoratio. ¿Idolatría de la Alabanza?

  1. Excelente selecion y comentario acertado; un poco
    redundante – ya en la primera mitad del articulo habia establecido el argumento. Pero le felicto
    al autor por nadar contra la corriente; hace tiempo que hacia falta esta senalizacion.

    • Oswald says:

      Gracias por su comentario, hermano, Lu.
      Bienvenido al blog. Aprecio mucho su retroalimentación respecto al estilo y lo tendré muy en cuenta.
      Bendiciones!

  2. Alejandro Pimentel says:

    Concuerdo con lo acertado del artículo y la relación que se ha hecho con la idea de «solo adoratio». Sin embargo, me parece que este tipo de artículos —muy pertinente— no llega a los que debiera llegar o, mejor dicho, no es leído por los que más debieran leer esta clase de reflexiones. En el mundo evangélico existe (¿por naturaleza genética?) una fragmentación y auto-aislacionismo que no permite el diálogo franco y abierto. Los distintos grupos que conforman el orbe evangélico se retroalimentan de sus propios dogmas ad nauseam y por lo general no se permite el flujo de ideas y pensamientos. En otras palabras, somos sectas en el pleno sentido del término.
    Otro comentario aparte y más bien de orden lingüístico. La palabra o neologismo «cruzcéntrico» debiera ser «crucicéntrico» porque no se pueden combinar la z + c juntas, hay que apelar al latín en estos casos y optar por crucis para lograr una mejor combinación.
    Felicitaciones por el artículo y a diseminarlo más, que hay mucho rollo de que hablar en cuanto a este tema.

    • Oswald says:

      Gracias por tu mensaje, Alejandro.
      Tienes razón respecto a lo de a quiénes llega el mensaje. En mundo tan lleno de opiniones no se puede pretender llegar y convencer a todos (y esto sólo dentro del ámbito evangélico), y estoy consciente de ello. Pero confío en que alguien tiene que leerlo (Y así ha sido :)) y aunque la persona que lo lea puede no estar de acuerdo, pues al menos por un momento reflexionará al respecto. Esa es mi intención, lo cual considero mejor que no decir nada.
      Con lo de la palabra “cruzcéntrica” seguro te refieres al libro recomendado “La Vida Cruzcéntrica“. Pues el título es traducido del original en inglés The Cross Centered Life (nótese la separación) y me imagino que la editorial que lo tradujo al español, para hacer el título más comercial y quizá mas estético, aunque erróneo, lo dejó con esa falla ortográfica. Te agradezco el señalamiento, pues no recordaba dicha regla.
      Gracias de nuevo por tu aporte y bienvenido al blog.

      Bendiciones.

  3. ¡Un millón de gracias por su artículo! ¡Excelente en su contenido! Le(s)comparto esto:
    “PORQUE EL CORAZON DE ESTE PUEBLO SE HA ENGROSADO Y CON LOS OIDOS OYEN PESADAMENTE.”

    Palabras del profeta Isaías y repetidas por el Señor Jesús.

    CARTA ABIERTA.

    K B A B 1340 Radio Victoria. Ciudad Juárez; Chih. Méx.
    X E J B 1560 Radio Viva. Ciudad Juárez; Chih. Méx.
    K V E R 91.1 F. M. Radio Manantial. El Paso Texas.

    El viernes 8 de Septiembre, escuchando en una de estas difusoras la nueva producción del cantante Marcos Witt, y habiendo solicitado el conductor del programa la opinión de los radio escuchas, motivado por ello, escribo estas líneas:
    Las palabras del encabezado de este escrito, vienen muy al caso, ya que en los últimos años hay muchas personas, especialmente hermanos en Cristo, que “oyen pesadamente” sin discernir ni prestar atención a ciertos cantos llamados falsamente: Alabanzas al Señor. Repletos de sentimentalismo en sus letras y música mundana a falta de verdadera música de adoración y sana doctrina.
    La mayoría de los programas de estas difusoras cristianas(?) (Aunque debo admitir que hay muy honrosas excepciones) están amenizados con una gran cantidad de cantos falsamente llamados cristianos, ya que dichos cantos contienen una fuerte dosis de ritmos y estilos del mundo.
    Hemos escuchado cantos en las mencionadas difusoras con ritmos y estilos de: Corridos con mariachi, de cumbias, de rock, de twist, de salsa, de merengue, de mambo, de rap, de boleros, de balada, de norteño, de tropical, de rumbas, etc. Todos ellos, ritmos mundanales. Hace poco, anunciaron a un cantante cristiano(?) como: “El mejor rumbero cristiano” ¡Para oír vivimos!
    Y, ¿Qué decir del título del programa que se llama: “Complacencias Norteñas”? Pero el colmo fue cuando escuchamos esa barbaridad de canto que se llama: “El Campeón” siendo este, la más descarada blasfemia cantada por un tal Jesse Meléndez, irrespetuoso e irreverente; Dios tenga misericordia del autor, de los que la cantan, de los que la oyen y les gusta y de los que la promueven; atrevidos y contumaces, no temen decir mal de las potestades superiores. (2da. De Pedro 2: 10)
    En uno de esos pretendidos cantos cristianos, el cantante, en cierto momento, hace la pregunta: “Y… ¿Quién dijo que a Cristo no le gusta el merengue”? Señor cantante cristiano(?) yo le digo a Ud.: ¡ES USTED UN BLAFEMO!
    Es increíble, en la actualidad ya no tenemos que escoger dentro de la música mundana qué oír, sino aún en los mismos himnos que SUPUESTAMENTE alaban al Señor.
    Otro aspecto digno de considerar, es: Los títulos y letras de algunos de esos cantos; títulos tan ridículos como: “El Loco”, “El Chaleco”, “El Burro”, “El Borracho”, “El Yoyo”, “Como Búfalo”, “El Cara De Limón”. Etc. (En parte, el canto “El Chaleco” dice: “…No es que cambié de chaleco, es que lo traía al revés…” Comparemos esta otra letra: Tuve un cambio cuando dije a Cristo: Ven Jesús, y mora siempre en mí, mis cadenas fueron todas rotas, fui lavado en fuente carmesí. ¿Con cuál nos quedamos? Comparemos cualquiera de los títulos arriba mencionados con este: “Grande Amor Sublime, Eterno”. O con este otro: “Gracia Admirable Del Dios De Amor”. ¡Sencillamente, no admiten comparación!
    La vida de muchos cristianos y de muchas iglesias, se ha visto gravemente influenciada por esta nueva corriente de música pseudocristiana, que ni es de Dios, ni lo alaba, ni le gusta, ni la acepta, y esto, por si no lo sabían, es bíblico, puesto que en la Biblia se nos dice que todo lo que ofrezcamos a Dios, no esté dañado y sea genuino; y los ritmos a los que nos hemos referido, por ser del mundo, no son genuinos y además, están dañados.
    ¿No dice acaso la Biblia: “No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo, si alguno ama al mundo (y las cosas que hay en él) el amor del Padre no está en él”? Y Santiago dice: “…cualquiera, pues, que quiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios”.
    Se ha llegado a la… bueno, dejémosla en “barbaridad”, de tomar una melodía netamente mundana y le han acomodado una letra que más o menos diga cosas religiosas y luego se atreven a decir que es música que alaba y glorifica el Nombre del Señor; y yo digo: ¡¡¡FALSO!!!
    Y por último, aunque el tema da para más, pregunto: ¿A quién se le ocurriría acuñar el término Rock cristiano? ¡Qué necedad! Y ¡Qué ridiculez! Pues de la misma manera que no se puede decir por ejemplo: blanco-negro, ni tampoco: adentro-afuera, pues son palabras antónimas, así el Rock, no tiene ninguna relación con lo cristiano.
    ¿Nunca han leído en la Biblia que no hay ninguna comunión entre la justicia y la injusticia, entre la luz y las tinieblas, entre Cristo y Belial, entre el creyente y el incrédulo? ¿Qué comunión hay entonces, entre la música cristiana y la música mundana?
    Hay en esta nueva corriente, dos errores mayúsculos. Primero: pedir melodías, estilos y ritmos prestados al mundo, sabiendo que el mundo nada nos puede dar, y mucho menos tratándose de música para albar a Dios. Y el segundo error: Apropiárnoslos, quedarnos con ellos y decir que son nuestros.
    He manifestado a Uds. mi opinión muy particular, la cual, creo, está respaldada por la Palabra de Dios, que al fin y al cabo, es ella, la Biblia y solamente ella la que norma nuestra conducta y forma de hacer las cosas.
    Quién sabe si Uds. puedan hacer lo mismo y presentar textos bíblicos a su favor.
    Atentamente.:

    _______________________________________
    Daniel Silva Espino.
    Correo electrónico: dnasiles@yahoo.com.mx

    • Oswald says:

      Gracias por su aporte, Daniel. Muy buena su carta.
      Es claro que gran parte del repertorio de música cristiana actual, que a menudo no busca otra cosa más que satisfacer el gusto musical de un público mercado es producto del pobre discernimiento que la mayoría de cristianos tiene para juzgar las cosas. Es eso, la falta de discernimiento, y no necesariamente la música como tal, contra lo que debemos luchar más que nada.
      Lo invito a seguir luchando en contra del avance del mundo dentro de la iglesia.
      Bendiciones!

  4. Brayan Carabuena says:

    Enorme bendición encontrar artículos como este, que despiertan y quitan la liviandad en la que ha caído el cristianismo.
    Dios lo bendiga y le siga usando en gran manera.

  5. Pingback: Los números de 2010 « Cristianismo Reformado

  6. José miguel says:

    La música (combinación de tiempo y sonido) en si no es pecado, fue creada por nuestro Señor y Dios todo poderoso para su propia gloria, el problema esta en la letra y a quien busca exaltar.

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